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Identificación de manifestaciones de violencia hacia la mujer por parte de su pareja: Estudio en un área de salud Dra. Daisy Velazco Azcuy - Dra.
María Elena Naranjo Barrios Se realizó un estudio cualitativo a 10 mujeres que residen en el
territorio perteneciente al policlínico Puentes Grandes del municipio Plaza,
con edades comprendidas entre 15 y hasta más de 60 años. El tamaño de la
muestra estuvo determinado por la saturación de la información. Se utilizó como
instrumento la Historia de Vida. En este estudio no se definieron variables,
pues no son necesarias en los métodos cualitativos. Nuestros objetivos fueron
contribuir al estudio de la relación de pareja en un grupo de mujeres de un
área de salud del municipio Plaza, no identificadas como maltratadas.
Determinando la expresión de violencia en la relación de pareja y el tipo.
Así como algunas características socio-demográficas, históricas, familiares y
personales de este grupo de mujeres, que pudiera condicionar o relacionarse
con el maltrato que sufren. Comparamos el grupo de mujeres estudiadas en el
municipio Plaza con otro grupo de mujeres del Municipio La Lisa,
identificadas previamente como maltratadas. En los resultados encontramos una
elevada violencia en la relación de pareja de las mujeres entrevistadas; pues
de las 10 mujeres, 7 son víctimas de alguna forma de maltrato. La forma
predominante de violencia fue la psicológica, seguida en menor escala por la
sexual y la física. Hallamos que la mayoría de las maltratadas son menores de
43 años, todas son escolarizadas y la mayoría de estas tienen nivel medio o
universitario. Dentro de las maltratadas existe la misma proporción de amas
de casa que de trabajadoras. La mayoría de las entrevistadas son casadas, con
un promedio de 13 años de relación de maltratos y atropellos. Encontramos una
asociación importante entre la historia familiar de violencia y el maltrato
que sufren estas mujeres. En todas ellas esta violencia comenzó desde los
inicios de la relación de pareja, incluso antes de la maternidad. No se
encontró búsqueda de ningún tipo de ayuda por dichas mujeres llegando incluso
a considerarse culpables y responsables. Solo una de ellas ha abandonado al
maltratador. Al comparar con el grupo de mujeres del municipio La Lisa, no se
encontraron diferencias importantes. Dada la magnitud de la violencia
doméstica como problema social es necesario aumentar los conocimientos de
dicho tema. La violencia familiar forma parte de la historia de la humanidad desde sus orígenes. Los grupos más proclives son los ancianos, niños y mujeres, este hecho es común a todos los países, trayendo consigo grandes daños psicológicos, físicos y sexuales. Hasta hace aproximadamente 25 años, la violencia dada dentro del ámbito familiar era algo soslayado y oculto para las investigaciones sociales y la investigación pública. La causa de ello se atribuye a la opinión de que todo lo que ocurre dentro de la familia es de incumbencia solo de sus integrantes, por eso se ha preferido rodear de silencio y prejuicios a la institución familiar olvidándose del abuso y del sufrimiento que puede darse allí. En la actualidad se entiende por violencia doméstica según la ONU: "Cualquier acto de violencia de género que resulte o pueda resultar en daño o sufrimiento sexual o psicológico para la mujer, incluyendo las amenazas de dichos actos, coerción y/o privaciones arbitrarias de la libertad, que ocurren ya sea en la vida pública o privada". En la declaración se dice también que la violencia contra la mujer abarca entre otras, la violencia física, sexual y psicológica que se produce en el seno de la familia y en la comunidad en general, incluidas las palizas, el abuso sexual de niñas, la violencia relacionada con la dote, la violación marital, la mutilación genital femenina y otras prácticas tradicionales dañinas para la mujer, la violencia no conyugal y la violencia relacionada con la explotación, el acoso sexual y la intimidación en el trabajo, en instituciones educativas y cualquier otro lugar, el tráfico de mujeres, la prostitución forzada y la violencia perpetrada o tolerada por el estado. Dentro de la violencia psicológica se dan varios tipos contra las mujeres, generalmente desvalorización, hostilidad e indiferencia. La primera se manifiesta a través de la desvalorización de sus opiniones, de las tareas que realiza, o de su cuerpo, la segunda a través de insultos permanentes que muchas veces terminan en amenazas. La indiferencia se manifiesta cuando se ignoran las necesidades afectivas y los estados de ánimo de las mujeres. El hombre como victimario es definido como individuo que ejerce una conducta abusiva en lo emocional, físico y en lo sexual, respecto a su mujer. Los mitos consideran a la violencia doméstica como secundaria a los
trastornos psíquicos individuales, uso de alcohol, drogas o a factores
económicos y educativos. Sin embargo autores como Konrad Lorez,
Nikotimbergen, defienden las ideas de la agresividad innata, pues plantean
que ella forma parte de la naturaleza humana, esto no es aceptado por los
estudiosos y dedicados a la violencia doméstica y además criticados por
autores como Montagen, quien plantea: "Los genes de los humanos solo
aportan la potencialidad, pero en realidad es el entorno el que decide la
aparición de conductas violentas" . Existen mitos populares sobre la violencia entre los más conocidos tenemos: Los hombres son agresivos por naturaleza. Dado el basamento histórico de géneros en la perspectiva histórica de la violencia contra la mujer, cabe señalar que el enfoque de género permite desarrollar conocimientos concretos sobre la situación de las mujeres con respecto a los hombres en el mundo, por lo que refleja la existencia de opresión e injusticia en la organización genérica de las sociedades a favor del sexo masculino fundamentalmente. AI sexo femenino se ha concebido al menos desde los orígenes de la civilización como menos importante y valioso que el masculino. Es precisamente dentro de la familia que se inicia la educación diferente para los niños y las niñas. Los valores transmitidos por esa institución son muchas veces estereotipos referidos al papel de ambos sexos en la sociedad. A la mujer se le ha identificado en un rol de madre y de gratificadora sexual del hombre, en calidad de esposa para atender la socialización informal de sus hijos y también en el rol de ama de casa. Por otro lado, al varón se le está educando para que ejerza su poder en la familia, para que sea fuerte, autoritario y agresivo. El género femenino tiene características y necesidades particulares que resultan no solo de las condiciones fisiológicas y psíquicas del fenotipo femenino más relacionadas al sexo, sino de un patrón históricamente determinado de relaciones sociales y culturales que determinan aspectos sustantivos de la calidad de vida de las mujeres, de las cuales depende su bienestar o salud. El ser hombre o mujer y las relaciones que se establecen entre tales obedecen a roles que define la sociedad en determinados periodos de la evolución histórica. El género está constituido por una serie de rasgos de personalidad, actitudes, sentimientos, conductas y actividades que, a través de un proceso de construcción social, diferencia a los hombres de las mujeres. Es un fenómeno de etiología social y cultural, que se ha conformado de generación en generación, en el que inciden factores objetivos y subjetivos, que hacen del género un proceso difícil de modificar. Así vemos como la violencia, el sometimiento, y la competencia han caracterizado la relación entre el hombre y la mujer a través de la historia donde es posible reconocer el abismo y la violencia en las relaciones de parejas desde la antigüedad. Esto quedó reflejado en la literatura y por ejemplo en el primer canto de la Iliada de Homero, vemos como Briacida, "La mujer de hermosa cintura que fuese arrebatada por Agamenón a Aquiles", era solo una simple esclava que el héroe había conquistado con la lanza, no en condición de mujer amada sino como propiedad del noble guerrero. La mujer desempeñó en la Grecia antigua la labor de reproducción y la realización de las tareas domésticas. Entre los Danakif del África occidental, el novio debe haber matado a un hombre para obtener el derecho a casarse. Existen otras formas de violencia por ejemplo: en Egipto existe la costumbre de raptar a la novia y luego indemnizar con camellos a la familia antes del casamiento. En las sociedades occidentales con cultura judío-cristiana, la mujer ha sido concebida como procreadora. Otras manifestaciones de la mujer en el matrimonio están condenadas por la religión. En China las mujeres tienen convenido el matrimonio desde el nacimiento. En las religiones puritanas se designó a las mujeres como las encargadas de practicar el autocontrol de sus impulsos sexuales. En contraste con los hombres a los cuales se les permitió ser lascivos y dejarse llevar por las tentaciones. El antiguo testamento establecía que cuando una mujer paría un vástago varón, se encontraba sucia durante 40 días, pero si paría una niña permanecía sucia 80 días. La mujer era considerada solo una seductora sexual: Adán y Eva sucumben a la tentación y la culpa recae en Eva. Lot y sus hijas se ven involucradas en incesto y la carga ilícita es colocada sobre la mujer. No se puede dejar de dar atención a dos costumbres matrimoniales que aún existen: poligamia y poliandria. La primera más extendida, es común en musulmanes, donde cada hombre puede poseer hasta 4 esposas legítimas. En otras regiones africanas y de la India no existen límites en cuanto al número de concubinas. La poliandria es práctica común en el Tibet donde hasta 4 hombres tiene una mujer común. A esto debe añadirse que cuando una mujer se casa con un hombre que tiene hermanos menores se convierte automáticamente en esposa de estos. En general el cuerpo femenino ha sido una mercancía desde la antigüedad. Valga señalar que la categoría género (término surgiendo a la luz del movimiento feminista de los años 60, cita 36 de la Rev. de sex A-4 No. 11 Sep-Dic. 98, abarca el conjunto de características, oportunidades y de expectativas que un grupo social asigna a las personas y que estas asumen como propias, basándose en sus características biológicas, en su sexo, es decir las diferencias entre lo denominado como masculino o femenino no son biológicamente determinadas, sino producidas culturalmente. El género de una persona es esencialmente una construcción social no natural, que varía de un grupo social a otro y de una época a otra. Se construye mediante procesos sociales de comunicación y es transmitido a través de formas sutiles durante los procesos de crianza y educación. Un texto para la discusión del Banco Mundial de 1994, "Violence
against woman" aportó la primera revisión global de la magnitud del
problema y de sus consecuencias para la salud. Desde entonces han aparecido
un número creciente de estudios sobre la prevalencia de la violencia
doméstica contra la mujer, tanto en los países en desarrollo, como en los
desarrollados. Uno de cada seis adultos en Sudáfrica es agredida regularmente por su marido. El 95% de las víctimas de violencia en Francia son mujeres y el 51% son cometidos por el marido. En África 80 millones de mujeres han sufrido mutilaciones sexuales que se le realizan cuando son niñas. Investigaciones internacionales como la realizada por Borino Luis en 1995, el trabajo de Symonds Alexander en EUA en 1994, los estudios realizado por Figer en Madrid en 1999 las investigaciones de Parada Ampudia en 1999, los documentos de trabajo de sensibilización en Chile 1995 y el trabajo de Maria del carmen Manizales en 1988 apoya lo anterior. En conjunto los datos indican que la violencia doméstica es un problema generalizado que puede encontrarse en muchas circunstancias. La revisión de encuestas de población indica que entre 20 y 50 % de las mujeres notifican violencia física por parte de su compañero masculino al menos una vez en su vida. También la relación sexual forzada parece ser frecuente. En 1998 Estados Unidos estableció que una de cada cinco mujeres había sido víctima de una violación. En todo el mundo una de cada cinco mujeres se ha visto forzada a practicar el sexo contra su voluntad. Por las nefastas consecuencias de la violencia doméstica, es que los movimientos de mujeres de diferentes países han intentado llamar la atención del mundo sobre las formas de violencia las que someten al sexo femenino a una posición desfavorable, obstaculizando su participación en el desarrollo socioeconómico. Diversos grupos feministas han convencido a las instituciones publicas de la necesidad de evacuación y responsabilidad en este sentido. Un ejemplo de la anterior idea son los Centros de Acogidas que se han organizado en Inglaterra, EE.UU. y España. Algunos países como los nórdicos disponen de mecanismos gubernamentales
para la acción, pero en su mayoría las respuestas solo se producen después
del hecho. Después de la 4ta Conferencia de la Mujer en Beijing, varias
naciones latinas promulgaron leyes sobre la violencia doméstica. Cuba con todo el desarrollo que ha logrado gracias al triunfo de la revolución, donde la mujer ha tenido un alto papel participativo incrementado por las leyes y el reconocimiento del derecho a una igualdad plena, no esta ajena a la violencia doméstica. Una preocupación constante por parte de las FMC y distintas instituciones del estado, que tienen la responsabilidad de prevenirla, controlarla y sancionarla, están enfrascados desde la creación del grupo de atención a la violencia a realizar estudios de los que se deriven estrategias, planes y programas que cambien la visión aceptada de la mujer como un ser inferior y sin valor que debe someterse y renunciar a las posibilidades que la vida ofrece. En la mente de muchos aún la mujer es para la casa, no funciona bien en ciertos puestos, debe atender los hijos, el esposo y la familia y solo puede hacer uso de la libertad cuando el esposo se lo permite, teniendo que soportar tratos despóticos, humillantes, de desprecio y devaluación, que llegan al maltrato físico incluido el homicidio. Si bien se ha constatado que existe la violencia doméstica en nuestro país, no se conoce aún la dimensión del problema, a pesar de existir numerosas investigaciones realizadas en Cuba y que a continuación referimos: Zoila Alberdi; Patricia Ares; Ileana Artiles de León; Silvia García; Idalmis Beitia ; Rojo Pérez. Estos y otros trabajos serán utilizados en la discusión de los resultados y en la compresión de los elementos de nuestro estudio. Por insignificante que parezca el problema, merece toda la atención por parte de todo el sistema y estructuras sociales, de lo contrario la situación se convertirá en alarmante. La educación sexista con su atribución de roles, modos de conducta y de relación entre los géneros determinados por relaciones de poder y fuerza, debe crear nuevas posibilidades sobre bases de equidad y colaboración, que elimine el poder, la supremacía y la fuerza entre los géneros. Con la creación del Grupo de Trabajo Nacional para la Prevención y la Atención de la Violencia Familiar en 1997, se marcó un momento de cambio en el abordaje de esta problemática, propiciando un espacio para la atención y la prevención de la violencia contra la mujer. En mi práctica como MGI realicé el TTR acerca del infantil, por lo que me sensibilicé con lo relacionado con la violencia. Por otra parte como residente de psiquiatría vimos en la práctica clínica diaria víctimas del maltrato y un gran número pasaba inadvertido por existir poco conocimiento sobre dicho tema y falta de métodos de cuantificación. Si bien este tema ha existido siempre llama la atención de médicos, sociólogos, psicólogos, psiquiatras y hasta hace muy poco tiempo no se le ha dado la importancia que requiere. Es por esta razón que nos hemos sentido motivados en abordar a través del presente estudio el maltrato a la mujer, para después encaminar nuestros pasos futuros hacia la prevención, protección, tratamiento y rehabilitación de la mujer maltratada. Por todo lo antes expuesto los objetivos de este trabajo se centraron en identificar manifestaciones de violencia en un grupo de mujeres no identificadas como mujeres maltratadas de un área determinada, lo que permitió compararlas con otro grupo pertenecientes a otro municipio, y sí identificadas como mujeres maltratadas contribuyendo a enriquecer el conocimiento de este problema en dos lugares con condición de vida diferente. El estudio se realizó utilizando la historia de vida como método cualitativo de investigación que son reconocidos como los métodos pertinentes en la investigación social. Estas técnicas cualitativas que se basan en la interpretación y búsqueda de sentido mucho más que en el procesamiento matemático que producen la extrapolación más que la generalización de la experiencia, que operan sobre la base de la mínima perturbación del objeto de estudio en lugar de la experimentación que sufre el control de dicho objeto, que se aferra por comprender el curso, más que en explicar el por qué, que tiene un contenido más inductivo que deductivo, que incorpora al hombre como sujeto y no solo como objeto de estudio, son cada día más una herramienta indispensable de la investigación social y también de la investigación educacional (Dr. Bacallao). III. OBJETIVOS Generales: Contribuir al estudio de la violencia en la relación de pareja de un grupo de mujeres en un área de salud del municipio Plaza. Específicos: Determinar si existe alguna expresión de violencia en la relación de
pareja de las mujeres estudiadas y de que tipo.
Universo de estudio: Estuvo compuesto por el 100% de las mujeres que viven en el área de salud del policlínico "Puentes Grandes" que asciende a 204, con edades comprendidas entre 15 y hasta más 60 años. Muestra: Tanto el nivel cuantitativo como el cualitativo, como niveles de investigación son correctos, pero deben ser usados en dependencia de lo que uno quiere saber. Por ejemplo si lo que se quiere es saber como ocurre un fenómeno, el nivel cuantitativo es el correcto, pero si uno quiere saber que alcance tiene un fenómeno entonces es el cualitativo es el relevante. Recogida de datos: Instrumento: Como esta investigación esta más cerca de la sociología que de las ciencias biológicas, se utilizó como instrumento, la historia de vida, cuya guía con ligeras modificaciones fue utilizada por la profesora Proveyer, Jefa del Departamento de Sociología de la Universidad de la Habana, en varias investigaciones relacionadas con el tema. La historia de vida es un método cualitativo proveniente de las corrientes filosóficas hegemónicas en Francia, principalmente el marxismo y el estructuralismo. Como método de investigación sociológico y antropológico es otra forma de definir las relaciones de la sociología y la sociedad. En el criterio de Bertaux ofrece un acceso directo a nivel de las relaciones sociales que constituyen la verdadera sustancia del conocimiento sociológico. En este estudio no se definieron variables pues no son necesarias en los métodos cualitativos, las relaciones entre variables (positivismo), abordan solo las relaciones entre estructuras olvidando su movimiento histórico. Las encuestas y las estadísticas de los métodos cuantitativos, pueden registrar actitudes, comportamiento y características sociales, a lo que el positivismo le dio el nombre de variables, pero no permite alcanzar el carácter histórico de la sociología, lo que si permite la historia de vida aportando desde otra perspectiva una representatividad de la muestra. Diversificación de la muestra: La muestra seleccionada fue diversificada, incluyendo mujeres desde 15 hasta más de 60 años. De diferentes ocupaciones, desde sin ocupación, ama de casa, obreras, trabajadoras de servicio, técnicas, profesionales y cuenta propistas. Con y sin cargos de dirección. De cualquier estado civil que tengan o hayan tenido parejas. Con y sin hijos. De cualquier raza. Que vivan con diferentes condiciones estructurales y de espacio. Que convivan en familias creadas o no. Jefas y no jefas de hogar. Esta diversificación se buscó en lo posible dentro de mujeres que pudieran reunir más de una característica. Selección de la muestra: Esta diversificación de las características de las mujeres a estudiar fue dada por el médico de la familia, quien dentro de su población, fue seleccionando de una en una a cualquiera de las mujeres residentes en su área que tuvieran estas características. Análisis de los datos: Las entrevistas se realizaron por la autora y la tutora de la tesis. Las
historias se transcribieron según se realizaron, lo que permitió ir
analizando una a una la narración y poder variar la forma de entrevistar y de
comenzar la entrevista, es decir la guía de la entrevista fue modificada de
una a otra según el progreso hecho en la comprensión de las relaciones socio
estructurales subyacentes. Esto permitió ir conociendo los elementos que
dieron la saturación de la investigación. Los resultados son expuestos de
forma descriptiva, caracterizando al grupo de mujeres y comparando ambos
grupos en estudios, que es el tercer objetivo de este trabajo. Violencia: Uso de la fuerza, como resultado del ejercicio del poder a través del cual se ocasiona daño, ya sea físico, psicológico, emocional, económico, político. Que implica la existencia de un arriba y un abajo, de manera real o simbólica y que adoptan las formas de roles, padres-hijos, hombre-mujer, maestro-alumno, jefe-subordinado, joven-viejo (Corsi). Es todo daño ocasionado por la fuerza abierta o encubierta que se ejerce sobre personas que ocupan un lugar de subordinación, ejercicio de poder en el cual se somete al otro, tanto física, psicológica, social, económica, sexual o moralmente. Violencia contra la mujer: Es todo acto que se ejerce de manera habitual, como estilo de vida y comportamiento del hombre sobre la mujer, como una forma de mantener su poder en la relación de pareja, caracterizada por un ciclo que se ha definido como ciclo de la violencia y que se puede expresar en todos los ordenes de la vida. Violencia física: Son los maltratos como empujones, empellones, gestos violentos con las manos, como tocar a la persona fuertemente, pellizcarla, lanzamiento de un golpe aislado contra otra persona, golpes a repetición, o por una sola vez, pero que dejan marcas o lesiones. Violencia psicológica: Consta de tres conceptos los cuales son: Devaluación de la estima de la _persona: Cuando no se le reconocen valores a la persona, éxitos y logros en su vida, se le hace sentir, se le dice o se intenta convencer de que es inferior. No reconocimiento de la _persona: Cuando se ignora a cualquier miembro de la familia o parte de ella a la hora de tomar decisiones, compartir experiencias, enfrentar problemas, distribuir tareas u otras. Impedimento para relacionarse: Cuando se le ponen trabas a otra persona para asistir a actividades o relacionarse con alguna otra, sin que medien fundamentos de peso como por ejemplo: prohibición a menores para relacionarse con personas socialmente reconocidas como inmorales o antisociales. Impedimento para el desarrollo profesional o social: Cuando se le impide a otra persona vincularse al trabajo socialmente útil, estudiar o elegir profesión u oficio, así como realizar actividades de responsabilidad social, políticas o religiosas. Violencia doméstica: Es cualquier acto de violencia de género que resulta o pueda resultar en daño, sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, incluyendo las amenazas de dichos actos, coerción y/o privaciones arbitrarias de la libertad, que ocurren ya sea, en la vida pública o privada. Relación de pareja: Relación que se establece entre personas del sexo opuesto, estable, afectiva e íntima. Puede estar concebida legalmente o no. Identidad de género: Es la conciencia que adquiere el individuo de su pertenencia a determinado grupo sexual, la cual se manifiesta en todos los componentes que determinan nuestra sexualidad: biológicos y psicosociales. Violencia sexual: Cuando existen relaciones sexuales entre la pareja de inconformidad para una de las partes, tanto en cuanto a la actividad sexual que se realice como al momento de llevarse a cabo. Saturación: Es un criterio que se utiliza en la recolección de datos por la investigación cualitativa, que refiere que se deja de entrevistar cuando ya nadie hace referencia a nuevas personas o cuando después de cierto numero de entrevistas, quien investiga concluye que ya no está aprendiendo nada nuevo en relación con su investigación. La aplicación adecuada del criterio de saturación conduce a la obtención de muestras cualitativamente significativas y por lo tanto apropiadas para los propósitos de acercarse a los significados individuales y colectivos y a los procesos sociales de los grupos que se estudian.
Del estudio realizado en el área de salud del policlínico Puentes Grandes, que quedó compuesto por 10 mujeres al obtenerse la saturación de la información en 9 e incluir 1 más, con edades comprendidas por encima de 15 años y hasta más de 60 años; se obtuvieron los siguientes resultados; un 70% de las mujeres estudiadas son víctimas de algunas formas de violencia y un 30 % no sufre ninguna forma de maltrato, aunque valga decir que en toda investigación sobre la violencia de género hay que esperar subregistros por las características específicas de la problemática. Encontramos que la forma de violencia predominante es la psicológica, pues
todas las mujeres víctimas de maltrato la padecen (100%). Encontramos que en
las 7 HV estas mujeres son insultadas por sus maridos en su condición de
madre, de mujer, de ama de casa y en ocasiones simplemente como personas. Por
ejemplo vemos como la 1 refiere que su marido no repara en sus habilidades o
virtudes La.2 su pareja la acusa de bruja y la responsabiliza de cualquier
contratiempo y en ocasiones se muestra competitivo con los hijos. En todas
ellas se repite de que el marido las convence de que no son nadie sin él y
que de quedarse solas serian incapaces de vivir. Incluso la 5 es llamada loca
por su marido .Otras cuatro de ellas refieren el silencio de sus maridos ,no
son tomadas en cuenta por sus parejas las obligan a callarse y no las
escuchan .En todos estos casos existe una violencia solapada y destructiva
para la personalidad de dichas mujeres que resulta prácticamente inadvertida
y justificada por la tradicional concepción de lo permitido en la pareja a lo
largo de la historia de la humanidad .Esta violencia psicológica constituye
una verdadera forma de tortura que conduce a la degradación de la mujer
dentro de su hogar en manos de un marido, que a pesar de su actitud con la
esposa es reconocido socialmente como adecuado ,,buen hombre y una serie de
atributos que lo exoneran de cualquier juicio social. Estudios realizados por Nelson y Zimmerman en 1999 reportaron 10% de las mujeres con notificación de malos tratos físicos de sus esposos y un 8% notificaron lesiones. En literatura Mexicana, Guadalajara y Becerro notificaron 90% de violencia física por su pareja. Suiza notificó 20% de violencia física y en estudios realizados en Uganda por Blaze en 1999 notificaron 41% de las mujeres con malos tratos físicos causados por su pareja y 41% de los hombres afirman golpear a sus compañeras. Los resultados de la doctora Reinoso en su TTR realizado en La Lisa coinciden también con nuestro trabajo, reflejando 100% de maltrato psicológico, 80% sexual, 60% físico y 40% económico. En cuanto a las características socio demográficas encontramos que de las 7 mujeres maltratadas 4 son menores de 43 años para un 57.1%. Lo cuál evidencia la importancia de esta situación, pues a pesar de ser relativamente jóvenes, haberse formado una buena parte del tiempo y poder vivir en una sociedad donde la mujer está en el centro de la preocupación del Estado, con oportunidades de estudio, trabajo y reconocimiento, existe aún entre ellas de manera evidente la expresión de la desigualdad, poderío e injusticia entre los sexos. Precisamente por los cambios sociales ocurridos en el país ellas perciben y plantean con facilidad cuando son maltratadas, sin embargo en contraste con ello lo toleran, lo justifican y para colmo se sienten culpables y responsables del maltrato. Estos datos son coincidentes con estudios realizados en nuestro país en 1998 donde se encontró que la violencia fue mayormente señalada por mujeres de 39 años de edad. En la literatura de otros países el maltrato aparece en diferentes edades, en Nicaragua 1996 las edades de predominio de maltrato son de 20 a 30 años; en Cambodia 1996 de 15 a 49 años; en Chile en 1993 de 22 a 25 años; en Suiza 1997 se reportaron valores similares de 20 a 60 años; en Uganda 1996 de 20 a 55 años y en el estudio realizado en La Lisa por la Dra. Reinoso los datos coinciden con los nuestros. De las siete mujeres maltratadas, seis están casadas, sólo una está separada de su pareja y refiere que quiere volver con él porque lo quiere y desea un hijo suyo. Todas llevan entre dos y veinticinco años de relación de pareja con un promedio de convivencia de más menos trece años de relación de maltratos y atropellos, que las hace sentirse infelices, datos que se corresponden con la literatura, donde este es el tiempo promedio en que las mujeres comienzan a presentar vestigios de inconformidad frente al maltrato situación que las puede hacer buscar ayuda y abandonar este tipo de relación . Otros estudios realizados en Camagüey, Cuba en 1999 apuntan hacia los altos índices de violencia percibida por mujeres de más de 12 años de estado civil casadas, datos coincidentes también con estudios realizados en Jaimanitas en 1999 . Lo que puede hacer pensar que aunque es una realidad que se incrementa y se tolera también se combate y ya se aprecian muchas mujeres que rompen con el ciclo de la violencia conyugal terminando la relación. Nuestros resultados son coincidentes con los de la Dra. Reinoso donde las mujeres casadas que perciben maltrato llevaban más de 12 o 13 años en su relación de pareja. En nuestro trabajo llama la atención como de las siete mujeres maltratadas, tres de ellas refieren que sus maridos las ofendían, humillaban, discriminaban y las obligaban a tener sexo, aun en contra de su voluntad desde el inicio de la relación de pareja. Dos de ellas sufrieron lo mismo después de un año de relación de pareja y otras dos después del segundo año o sea, que desde el aspecto psico - sociológico es importante señalar que todas ellas son maltratadas desde el comienzo de la relación de pareja, por las características psicológicas de minusvalía de estas mujeres y la explicación pudiera estar dada por el aprendizaje social y las normas y valores relacionados con los géneros que sitúan a la mujer en una posición subordinada con respecto al hombre . Estos resultados coinciden con la literatura cubana revisada, donde se reportan cifras de violencia contra la mujer desde el comienzo de la relación fundamentalmente con formas psicológicas . Y coinciden también con el TTR de la Dra. Reinoso, donde el 60% de las entrevistadas, el maltrato comenzó antes del primer año de la relación de pareja. Resultados similares encontramos en la literatura internacional donde se describe el comienzo temprano de la violencia en la relación de pareja. En el 80% de los casos la violencia comenzó en los primeros 4 años de la convivencia. Encontramos que seis de las maltratadas describen como evento causal del episodio violento los celos injustificados por parte de su pareja, otra de las mujeres describe el desconfía de mi, ve visiones y engaños por doquier, dice la # 5 incluso que si la ve con el exmarido los mata a los dos. Vemos como cualquier pasaje cotidiano puede ser desencadenante del episodio violento, porque en todos ellos la fuerza constituye la vía por la cual el hombre recupera o mantiene su posición de poder en la relación de pareja. En el estudio, seis de las maltratadas se consideran culpables de los episodios violentos de sus parejas, este sentimiento de culpa que se genera en las mujeres es una justificación a su posición de subordinada y el elemento perpetrante de su papel de subordinada al hombre en la pareja. Ninguna de las mujeres maltratadas de nuestro estudio han buscado nunca ayuda de ninguna índole ante la violencia, ni siquiera ante las agresiones físicas; seis de ellas relatan que son responsables del maltrato , que ellas provocan a sus parejas porque los rechazan, no cumplen sus peticiones, que sería penoso que la gente se enterara de esta situación; tres de ellas describen no he buscado ayuda porque el es el hombre y debo respetarlo; si me maltrata es porque lo merezco. La No.3 describe que si busca ayuda él se molestaría con ella y perdería su apoyo económico. Aquí podemos ver como existen patrones genéricos de conducta, que se asocian a la tolerancia de las mujeres a la violencia de sus parejas; así como la vergüenza y el temor a las represalias. Dichos resultados coinciden con la bibliografía revisada , donde se encontró que la mayoría de las mujeres violentadas no solicitaron ayuda profesional, frecuentemente por temor, lo que les impide abandonar o buscar ayuda ante una relación de abuso, ya que se ha reportado que el riesgo de ataques contra ellas es mayor cuando la mujer abandona la relación de pareja . En el trabajo realizado en el municipio La Lisa se encontró diferencias con el nuestro, pues el 40% de las maltratadas solicitaron apoyo sobre todo ante la violencia física. En otros países de Centroamérica Ellsberg reportó que dos de cada diez mujeres maltratadas denunciaban el hecho. El 80 % que no buscó ayuda fue por miedo a mayor violencia y vergüenza, se sentían solas y no por la falta de recursos. De las que buscaban ayuda el 14% lo hizo ante la policía, el 6% ante un centro de mujeres y un 2% en un centro de salud. La búsqueda de respuesta por las mujeres asciende internacionalmente a solo un 16%. Valga acotar que en nuestro trabajo frente a la pregunta: ¿Qué tipo de ayuda le hubiera gustado tener? La mayoría de las mujeres respondió…"Que alguien me diera consejos, alguien que me defendiera, tener apoyo de mi familia. De las siete mujeres maltratadas sólo una ha abandonado al maltratador; hay que señalar que cinco de ellas describen que la violencia sólo ocurre en determinados momentos; pero que también reciben seducción y gentileza y que si abandonan a su pareja se quedan totalmente solas en la vida. Se aprecia aquí la carencia afectiva y la desvalorización de sí misma características de la "mujer golpeada", lo que hace que no pueda abandonar al compañero violento, es muy poco lo que tiene y sólo lo recibe de él. No es placer masoquista, es una horrible orfandad, una indigencia emocional amorosa tan extrema, que cortar con el único vínculo que tienen, aunque sea de maltrato, es casi un suicidio emocional. Se destaca también que de las siete maltratadas tres no tienen hijos, dos tienen un solo hijo y dos tienen dos hijos. En todas ellas el maltrato, las ofensas, humillaciones, sexo en contra de su voluntad e incluso los golpes se iniciaron antes de que fueran madres; Se podría pensar que la presencia de mujeres con más hijos e hijas puede ser resultado de la misma violencia, por el control que hacen los hombres en el uso de los anticonceptivos, que su marido les prohíbe usar anticonceptivos como prueba de fidelidad. En otras palabras cualquier mujer puede ser maltratada. Estos resultados coinciden con la literatura cubana revisada, donde no se encuentra asociación entre maltrato y número de hijos y con los de Ellsberg, FIDEG y ENDESA. Al analizar la escolaridad de las mujeres maltratadas encontramos que solo una tenía nivel primario, la que tiene 82 años de edad, lo que es lógico pues se corresponde con la situación que sufría la mujer con relación a la posibilidad de estudiar antes del Triunfo de la Revolución. Sin embargo lo que resulta más llamativo y preocupante es que de las restantes seis maltratadas, tres de ellas son universitarias (médicos) y tres de enseñanza media. Cuando pensamos que estas tres mujeres médicos son profesionales de gran respeto y consideración en la sociedad, con especial énfasis en nuestro país y sufren de violencia doméstica y alguna de ellas que tolera el maltrato porque su esposo es quien la mantiene, y la entrevistada No 1 que plantea que el hombre en la pareja es el que tiene y asume la posición de supremacía con el derecho a maltratar, pues ese es su lugar, comprendemos una vez más cuán grave es este problema y como estas falsas concepciones están arraigadas en la conciencia individual y social de una parte de nuestras mujeres y de nuestra población, requiriendo un trabajo intenso para poder revertir este problema. Estos datos coinciden con los encontrados por la Dra. Reinoso en el municipio La Lisa, confirmado también en otros estudios al respecto. Por supuesto, el maltrato también lo sufren mujeres de escolaridad baja, sobre todo en países donde las posibilidades sociales para el desarrollo de las mujeres no son las mismas que en Cuba, y países del primer mundo. Queremos aclarar que si bien la baja escolaridad es un factor que empeora esta situación, igual que la no ocupación, la violencia contra la mujer no es privativa de estas condiciones sociales, pues como apunta la literatura las mujeres de alta calificación y ocupación se encuentran también dentro del grupo de mujeres maltratadas. Con relación a la ocupación este análisis coincide con el de la escolaridad, pues aunque tres mujeres maltratadas son amas de casa, tienen mayor significación sociológica las tres mujeres médicos maltratadas, pues el poder que tiene el hombre frente a ella, hace que su profesión, status social y reconocimiento queden por el piso en el seno del hogar. La situación va más allá y se sumerge en la propia valoración que la mujer tiene de la violencia, que aunque lo sufre y quisiera cambiarlo lo acepta y lo apaña, al extremo de que una de las entrevistadas, que en estos momentos está separada de su pareja, refiere querer volver con su expareja pues es el hombre que quiere deseando incluso tener un hijo de él a pesar de que la golpea. Aquí puede apreciarse cuán cierta es la pérdida de la autoestima de estas mujeres, no solo a nivel individual, sino social, por los patrones culturales que sostienen y apoyan esta desigualdad Muy a pesar de todo lo que en realidad se ha conseguido en nuestro país en la lucha por la igualdad de derechos de la mujer; persiste una educación sexista evidente dentro de la familia y todavía fuerte en las escuelas y grupos sociales. Estos resultados coinciden con la bibliografía revisada y con el estudio de TTR realizado en el municipio La Lisa. Por ejemplo, lo que sucede con la entrevistada que refiere soporta el maltrato por su situación económica, valga decir que ella es médico y trabaja percibiendo un salario decoroso por lo que habría que decir que esta no es más que una de las tantas justificaciones que ellas mismas se dan. En realidad la violencia conyugal analizada desde una perspectiva sociológica es una de las formas que adopta las características sociales de subordinación y discriminación de la mujer. Sin embargo en el estudio de CIAN y Ellsberg que recogen datos de diferentes países entre los que las separadas son mujeres de cualquier condición social, hace pensar que hay una toma de conciencia mayor en estos momentos frente a este problema y que de una manera u otra es un mal que se combate, del cual se habla en la actualidad en todos los países algunos de ellos con medidas de protección para estas mujeres más eficaces y diversas que en otros. Sin embargo a pesar de estos resultados de mujeres que tienen trazado romper el vinculo de la violencia conyugal este problema es aún muy tolerado y tiende a incrementarse en el mundo. Para dar salida al objetivo de conocer los antecedentes familiares y personales de estas mujeres encontramos que de las siete mujeres maltratadas seis tienen historia familiar de maltrato, ya sea por sus padres o sus hermanos, en cinco de ellas los padres golpeaban a la madre, situación que ellas presenciaron en varias ocasiones, seis de dichas mujeres vieron su infancia como carentes de apoyo o cariño y en todas ellas el padre era el que tenía el papel preponderante en la familia y tomaba todas las decisiones. En nuestro trabajo mujeres como la entrevistada No 7 refiere que no existía comunicación con sus padres, porque el padre abandonó a la familia y nunca más supieron de él. Las entrevistadas 2, 3, 5 y 6 refieren que las relaciones entre sus padres eran pésimas discutían, las ofendían, las golpeaban. Encontramos dos mujeres que relatan que sus padres eran armónicos y que la familia era unida, sin embargo en ambos casos los padres tenían otras mujeres e hijos, lo que se toleraba a pesar del conocimiento de sus madres. Actualmente estas son mujeres víctimas de maltrato. Lo que apunta hacia la importancia de las relaciones intrafamiliares durante la infancia en el condicionamiento de patrones de respuesta aprendidos ante la violencia, en los niños victimas de hogares violentos. Dichos resultados coinciden con datos aportados por autores cubanos, también coinciden con el estudio realizado en La Lisa y con los datos aportados por la literatura internacional revisada. En nuestro trabajo también hallamos que cinco de las mujeres maltratadas sufrieron abandono de uno de sus padres durante la infancia; una de ellas refiere abandono de sus padre y de su madre a los 6 años de edad; solo vivía con sus 2 hermanos, una de ellas refiere muerte de su padre y establecimiento por su madre rápidamente de una nueva relación de pareja; con un padrastro que apenas le brindaba afecto, y solo le cubría sus necesidades económicas, a la vez que su madre le retiro todo su cariño con la llegada de una hermanita menor. Una de las entrevistadas describe relación de sometimiento con sus padres. Ya que no le permitían opinar de nada y tenia que cumplir con todas las ordenes sin protestar, llegando incluso a prohibirle relacionarse con varones que no fueran de su familia y la obligaron a abandonar la escuela, porque según su papá; la mujer es solo para la casa. Seis de las mujeres maltratadas cuentan que apenas podían comunicarse con ninguno de sus padres porque ellos las mantenían a raya, distantes de todo posible intercambio afectivo; a cinco de ellas las regañaban por cualquier cosa, las golpeaban con cinto en cualquier parte del cuerpo, pellizcos, las amenazaban con el coco; si se portaban mal o desobedecían, serían regaladas a cualquier persona o abandonadas en la calle. Una de ellas llega incluso a relatar que la encerraban en un cuarto oscuro cuando desafiaba a sus padres durante 1 o 2 días y no le daban alimentos, sólo agua. A otra de ellas le amarraban la mano izquierda a la espalda de una silla porque a su madre no le gustaba que fuese zurda. En el trabajo aparecen dos mujeres maltratadas que fueron acosadas sexualmente por sus padrastros en la adolescencia; una de ellas no se atrevió a decirlo por miedo y la otra no recibió ningún apoyo de su madre al relatar los hechos. Vale aclarar que estos hombres adultos que intentaron abusar sexualmente de sus hijastras, no lo hacían por necesidad sexual, y lo justificaban con su posición de dueño de todas las mujeres de la familia. A su vez, eran hombres maltratadores de sus esposas que intentaban extender también el abuso hacia las niñas manteniendo su dominio perverso dentro de la familia. En todas las maltratadas vemos como desde pequeñas fueron formadas en patrones condicionados históricamente para los juegos con diferencias entre los sexos, basadas en la desigualdad entre géneros que de generación a generación ha ejercido un papel en la formación de los infantes; así vemos como todas fueron condicionadas para juegos de muñecas, cuquitas, disfraces, casitas, juegos de mesa y una de ellas, la entrevistada No.8 que por tener hermanos varones frecuentemente jugaba con animales, a las bolas y a juegos competitivos era castigada y repudiada por sus padres porque la denominaban como marimacho. Lo que evidencia que desde el momento del nacimiento e incluso antes se establece la identidad de género y desemboca en el comportamiento preestablecido según el sexo, con dicho basamento la mujer que no asume su lugar es condenada desde la infancia. Estos resultados concuerdan con lo recogido por la Dra. Reinoso en el municipio La Lisa y otros trabajos nacionales e internacionales revisados; en el análisis de los datos obtenidos con respecto a la distribución de las tareas domésticas, se observa como a las siete mujeres maltratadas se les asocia y se les exige que asuman todas las tareas del hogar, mientras que los hombres son los encargados de las relaciones sociales y de las denominadas "tareas duras". Ejemplo en la HV No. 8 donde ella no podía ayudar en el campo por ser mujer, solo sus hermanos varones. En las siete maltratadas se describe como las mujeres eran responsables de las tareas de cocina, fregar y limpiar, mientras que los hombres se dedicaban a buscar el dinero y a mantener el hogar como proveedores. Al analizar sus experiencias relacionadas con la escuela como espacio de socialización extrafamiliar de las niñas, donde se inicia el desarrollo autónomo de la personalidad, adquiriendo elementos que no se pueden proporcionar en el ámbito familiar, vemos que en nuestro estudio ninguna de las siete mujeres maltratadas recibían una adecuada atención por parte de sus padres en cuanto a su desarrollo escolar. Ejemplo vemos como la entrevistada No.1 refiere que sus padres no tenían tiempo de asistir a las reuniones de la escuela y enviaban a una empleada, lo que consideraban suficiente. Vemos como en los casos No.2, 3 y 6 apenas les interesaba el desarrollo escolar de sus hijas y sólo en contadas ocasiones asistían a las escuelas. Y la entrevistada No.8 que fue obligada por su padre a abandonar la escuela porque decía que no era necesario que las mujeres estudiaran tanto. En cuanto a las relaciones de nuestras entrevistadas con el resto de los estudiantes, vemos como las siete maltratadas narraron dificultades para relacionarse con sus semejantes y para establecer amistades, incluso una de ellas describe que no soportaba, estar en la escuela, ni con amistades, que deseaba no tener ningún contacto con adolescentes. La exclusividad de amistades femeninas en la infancia es sin dudas, un elemento central en la formación de la identidad de género y en la asignación de roles genéricos, donde por supuesto, la diferencia del otro adquirida desde la infancia en la familia se fortalece en la escuela. Coincidiendo este elemento en todas las mujeres víctimas de violencia de nuestro estudio. Todas ellas describen en las entrevistas que sus relaciones eran solo en grupos femeninos. En la infancia y en la adolescencia las siete maltratadas, se relacionaban más con personas de su propio sexo. Las características atribuidas al sexo masculino están íntimamente ligadas al ideal de hombre que tienen las siete mujeres maltratadas. El análisis del ideal de mujer y de hombre, así como la percepción que sobre él como pareja poseen, muestra, por una parte la coincidencia en todas las mujeres víctimas de violencia, de la presencia de estereotipos que desde la cultura marcan la femineidad a través del ejercicio de roles expresivos y la masculinidad a través del ejercicio de roles instrumentales. Vemos como las siete entrevistadas maltratadas coinciden en desear que sus esposos fuesen fuertes, dominantes, posesivos y según ellas bien machos. Sin embargo, se visualizan en sus concepciones la identificación con atributos nuevos sobre la masculinidad, como el que sea sensible, no machista, que comparta las tareas, las cuales marcan ya el inicio de cambios en la cultura patriarcal que predomina en la sociedad. Es importante enfatizar que en el grupo de las maltratadas, se refuerza el ideal de hombre como superior, líder, responsable, proveedor, jefe lo que se corresponde con su papel en las relaciones de pareja.
Llama entonces la atención que en ambos trabajos se identificaron altos índices de violencia psicológica, evidenciándose en menor medida la violencia sexual y física. En ambos trabajos las edades predominantes estuvieron por debajo de 43 años. El nivel de escolaridad mayoritario fue el de enseñanza media y universitaria, la ocupación predominante fue la de ama de casa. El estado civil casadas. Coincidiendo en cuanto a las historias en una infancia difícil, dificultades en la comunicación con los padres y relaciones no armónicas entre estos, en todas las mujeres maltratadas. Estas semejanzas en grupos diferentes de mujeres procedentes de áreas
urbanas distintas evidencia que cualquier mujer puede ser víctima del
maltrato en la relación de pareja; independientemente de su procedencia, de
su edad, de su escolaridad, profesión, estado civil, número de hijos, etc.
debido a que persiste en una situación personal, familiar y social,
relacionado con la condición de género, la diferencia entre ellos y la
supremacía del poder económico, político y social en manos del hombre desde
hace siglos hasta la actualidad. Lo que se traduce en una cultura con valores
y patrones que otorgan dicha desigualdad a la asignación de roles no solo
diferentes por las características biológicas de cada sexo, sino por la
subordinación, devaluación y sometimiento de la mujer hacia el hombre. No
obstante hay que aclarar que el hecho de que se realicen estudios como este
señalan los cambios que se están generando al respecto en sentido general.
Condenando una ideología patriarcal que convierte lo masculino en rector de
los destinos humanos y señalando la violencia conyugal como una de las formas
que adopta las características sociales de subordinación y discriminación de
las mujeres; porque en su base está la construcción social de lo femenino,
como subordinado y la necesidad de su perpetuación. En el estudio realizado encontramos una elevada violencia en la relación de parejas de las mujeres entrevistadas. La forma predominante de violencia fue la psicológica seguida en menor escala de la sexual y la física. Encontramos que todas las mujeres victimas de maltrato tienen un nivel medio o universitario. Dentro de las maltratadas existe la misma proporción de amas de casa que de trabajadoras. La mayoría son casadas, con un promedio de 13 años de relación de maltratos y atropellos. Encontramos una asociación importante entre la historia familiar de violencia y el maltrato que sufren estas mujeres. En todas ellas la violencia comenzó desde los inicios de la relación de pareja, incluso antes de la maternidad. No se encontró búsqueda de ningún tipo de ayuda por dichas mujeres, llegando incluso a considerarse ellas mismas culpables y responsables de dichas violencias. Solo una de ellas ha abandonado al maltratador. Al comparar con el grupo de mujeres del municipio La Lisa, no se encontraron diferencias importantes.
Aumentar las investigaciones en otras áreas de salud acerca de este tema, utilizando instrumentes similares que permitan validar las tendencias de comportamiento a escala nacional . Aumentar la divulgación y orientación a las mujeres sobre las características de la violencia doméstica como problema social y brindar información sobre las instancias e instituciones donde pueden denunciar u obtener apoyo, asesoramiento o ayuda cuando lo requiera. Incrementar programas sobre violencia doméstica con el objetivo de
modificar su origen y eliminar sus manifestaciones en la relación de pareja. Alberdi, Z. La violencia contra las mujeres en la relación de parejas,
Estudios de casos. Universidad del La Habana. Facultad de filosofía e
historia. Departamento de sociología. Trabajo presentado para obtener Lic. en
Sociología. 1996. |