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PREVENCIÓN
INESPECÍFICA EN LA ADOLESCENCIA
Lic. Ester Cohen
Lic. En filosofía. Lic. En Metodología de la investigación
Profesora titular de filosofía en Curso superior de médico especialista en
psiquiatría, Unidad Lanari, Facultad de Medicina, UBA.
Profesora titular de filosofía en Maestría interdisciplinaria en uso indebido
de drogas. Centro de Estudios Avanzados. (CEA) UBA
Coordinadora del Área Humanística en el Capítulo de sexología de APSA
(Asociación de Psiquiatras Argentinos)
Secretaria científica del Capítulo Interfase neurociencias-psicoanálisis de
APSA.
estercohen@filosofía.net.ar
Prevenir es cuidar. Quizá esta definición es obvia. Pero justamente la
utilidad de la reflexión filosófica radica en el cuestionamiento de lo que
aparece como evidente, es decir, como incuestionable.
De esta manera, lo primero será poner bajo la lupa la idea de que nuestra
sociedad tome prevención como sinónimo de cuidado.
Creo que lo que marca como rasgo fundante de nuestra época es que la
prevención se toma como vigilancia y no como cuidado.
En la sociedad donde juegan los valores: descomposición social, fragmentación
del campo biológico, exclusión, marginalidad, filicidio, es dificultoso que
niños y adolescentes se sientan cuidados.
En mi opinión, cuidar es dar limites, dar no es igual a poner, es decir,
poner lleva a imponer, obligar, vigilar y castigar -Foucault- , dar lleva a
construir un lazo, un hogar, un espacio en el cual la criatura que uno cria,
se sienta "en casa", o sea, refugiado (la palabra refugiado hoy
tiene la connotación de excluido en un campo para ser deportado, por ejemplo,
o también mantenido fuera de algún Estado nacional). Utilizo refugiado con
aquél otro significado que sugiere techo, protección.
En el cuidado se encuentra la sensación del límite como construcción de un
lugar en el que uno se sostiene y es sostenido por la configuración de un
sentido.
La infancia es el momento en el cual el sujeto, se hace sujeto, es decir,
humano, al ser ingresado por los que establecen la función materna y paterna,
en su sociedad, en su cultura.
Justamente lo que hoy falta es esto, las familias están en vías de extinción,
o bien no están, o si aparentemente están no logran dar contención a sus
hijos, y lamentablemente esta contención tampoco la encuentran en la escuela,
y menos en la calle.
En la actualidad, transmitir principios, o sea, cuidados, resulta
contracultural, es raro ver a una madre o maestra que cuide en el sentido de
producir un sentido = casa.
Esto no es una acusación, lejos de mí culpabilizar a las víctimas como lo
hacen algunos medios de comunicación, se trata aquí de efectuar una denuncia,
a efectos de comenzar a buscar un cambio social.
Todos estamos siendo víctimas de este sistema económico-social, si no
cuidamos a nuestros jóvenes, nos quedamos sin futuro. De hecho no estamos,
como sociedad, cuidando a nuestros jóvenes.
Un modo de comenzar a lograr cambios es la prevención,
Desde la reflexión filosófica supone analizar la cuestión de la supuesta
separación entre ideas-ideologías y la acción y sus consecuencias.
Quiero subrayar este concepto: las ideas que se sostienen no son gratuitas,
siempre conllevan un determinado modo de acción, que arman un modo
determinado de estilo de vida.
No hay sólo discusiones teóricas de ideas, lo que sujetos y sociedades
piensen implica su cultura, sus valores y por consiguiente sus acciones, es
decir, su explícito e implícito modo de vida.
En filosofía se puede trabajar el estudio de los valores de nuestra sociedad,
de dónde salen las ideas que sostenemos, para entender cómo llegamos hasta
este momento de nuestra historia, cómo está armada nuestra sociedad y porqué
hacemos lo que hacemos.
Prevenir no es ir a decirle a otro lo que debería hacer, sino, entre otras
acciones, pensar con él. La premisa básica que sostiene esta acción es que
ese otro es otro de mí, un semejante y no un distinto inferior.
Por ejemplo: cómo se viene construyendo política-sociológica y
filosóficamente una franja social específica adscripta a una identidad de la
cultura de lo no durable. Ni duran las cosas, ni dura la vida,
Las diferencias no son algo dado, sino algo producido. Esta premisa es el
punto de partida de una reflexión acerca de la construcción de la niñez y la
adolescencia, tal como se ha construido a los colonizados o a las minorías
amenazadas de la actualidad.
La adolescencia es una creación discursiva, es una representación que es a la
vez una forma de inclusión y una forma de exclusión. La producción de otro
distinto, habilita para hacer objetos de consumo para esta franja etaria.
Este régimen de discurso -Foucault- crea a ese otro opuesto, se imponen
diferencias binarias en la sociedad, luego se criminaliza o victimiza a ese
diferente.
Quiero subrayar que no hay nada de esencial en estas identidades en pugna. Se
trata de reconocer que la distinción no es racial o cultural, sino que es una
construcción artificial a efectos de un determinado modo de producción. Pero
artificial no significa que no existe, significa que es una configuración
epocal, que es un modo específico de cultura, que conlleva ciertas y
específicas consecuencias sociales, políticas, económicas.
(Por ponerle una etiqueta a estas ideas, se trata de mi tesis materialista,
nominalista e inmanentista)
Si hay una diferencia, tiene que ver con la función (en el sentido matemático
del término), las distintas funciones establecen distintos modos de
funcionamiento, que arman configuraciones epocales.
No se trata de volver a "los valores de la familia tradicional",
sino de inventar una nueva forma de orden social contemporáneo que pueda
revertir este orden actual basado en la circulación, movilidad, diferencias
que amplían las posibilidades del consumo de objetos, pero principalmente de
marcas -Naomi Klein- , cada vez más específicas para una progresiva
especificación de las franjas sociales.
Al caer las fronteras nacionales (globalización) el mercado mundial se libera
de divisiones binarias como Estado- ciudadanos, para dejar un espacio libre,
donde aparecen un sinnúmero de pequeñas diferencias.
Por supuesto que éstas no se mueven libremente a través del mundo
globalizado, sino que están rigurosamente organizadas en redes de poder,
constituidas por estructuras en alto grado distintas y móviles.
La diferencia es una diferencia política, establecida por el mercado, que fija
lo nuevo y la moda.
La configuración de la adolescencia es una estrategia de marketing, quizá
esto sea demasiado conocido, pero, aquí planteo la necesidad de volver a
pensarlo entre nosotros, debido a que ya se ha cristalizado la idea y de esta
manera es obvia, o sea, incuestionable, y por supuesto imposible de cambiar.
Pensar es contrariar lo evidente y apostar a cambiarlo.
Cuantas más diferencias, más y mejores estrategias de venta, cada diferencia
es una oportunidad para consumir exactamente lo que corresponde. Las
organizaciones empresariales saben que deben "gestionar la
diversidad".
Los adolescentes necesitan comenzar a reflexionar sobre estas cuestiones,
allí puede anidar una tarea preventiva: analizar entre nosotros porqué se
pone el acento en las diferencias, o en la supuesta defensa de las minorías,
o en la velocidad de los cambios, en la no duración , en lo fugaz, por eso,
en la moda, o porqué la identidad se logra con marcas exteriores como en la
vestimenta o los tatuages, o porqué se habla tanto de que no hay valores.
El término nosotros corresponde a la idea deleuziana de producción de
subjetividad, que plantea que cada época histórica es un entramado que
armamos los sujetos, y que a la vez, ser sujeto supone la posibilidad de
interiorizar en un estilo singular este entramado.
Nosotros nos incluye, e incluye a nuestros adolescentes, en ese espacio se
puede comenzar a reflexionar, y por tanto, cuidar, y por tanto, prevenir.
BIBLIOGRAFÍA
Imperio. Tony Negri
Infancia e historia. Giorgio Agamben
La sociedad que viene. G.Agamben
Homo saccer. G. Agamben
Defender la sociedad. M. Foucault
Los anormales. M. Foucault
No logo. Naomi Klein
Qué es filosofía. Gilles Deleuze
Lógica del sentido. G. Deleuze
Mil Mesetas. G. Deleuze
El poder constituyente. Tony Negri
Lo real y su doble. Clement Rosset
El principio de crueldad. Clement Rosset
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